“Quiero que me recuerden como un hombre que se la jugó por levantar la cultura”

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Rubén Santibáñez Gamboa (1939 – 2018), profesor y escritor de San Antonio. Entrevista RB, noviembre 2014

Don Rubén, cuéntenos de su experiencia como educador.

Empecé en 1962 en la escuela El Litre de Algarrobo. Ahí fueron mis primeros pasos como profesor. Conocí colegas que todavía trabajan en San Antonio y con quienes tenemos aún muy buena relación. Durante 40 años transité por los caminos sureños hacia Litueche, en esa zona estuve 7 años. En 1970 llegué a Malvilla y ahí trabajé hasta que jubilé en 2004. Muchas experiencias, buenas y malas. Ahí transcurrió mi vida, caminando, educando y
perfeccionándome.


¿Desde cuándo escribe?
Desde que estaba en el Grupo Escolar en 1951. Tenía 12 años. En sexto año de Preparatoria junto a un grupo de tres compañeros publicamos una revista escolar llamada “Superación”. Sólo circuló el ejemplar número uno por falta de lectores. Ya desde niño hacía revistas chiquititas con recortes de diario.


Respecto a sus inicios como escritor ¿hacia dónde orientó las letras?
Empecé contando mitos de historietas, después me dediqué a escribir cosas que salían de mi imaginación. Participé en algunos concursos de cuentos de El Peneca, pero tuve mala suerte. Luego en el Diario Ilustrado participé una vez y gané mis primeros mil pesos. En esa época era una cantidad enorme de plata. Me alcanzó para hacer un libro de historia y varios libritos más.

¿De qué tratan sus obras?
Sobre eso voy a recordar algo… yo también fui niño, me enamoré y se enamoraron de mí. Había una niña muy hermosa, cruzábamos miradas, pero era tímida y calladita. Todos los fines de semana nos encontrábamos en Avenida Centenario. Una vez en una tienda la vi con las manitos afirmadas en la vitrina y en lágrimas. Con el reflejo de la luz eran verdaderas lágrimas de cristal que caían. Al otro día mi hermana me dijo que la niña se había suicidado. Vi el diario de esos días y ahí apareció la noticia trágica. Estuve mal en ese tiempo. Sobre eso escribí el
libro “Lágrimas de cristal” que vendió muchos ejemplares e hizo llorar a lectores. Algo tiene ese libro. Las temáticas de mis libros son variadas. Me gusta la crónica sentimental y triste. Siempre busco noticias policiales en los diarios, hay noticias pequeñas que me inspiran.

De sus libros ¿Cuál es el preferido?
Por los recuerdos es “Lágrima de cristal” pero hoy me llena la historia. Estoy investigando una historia de Santiago. Se trata de Omar Cáceres, un gran poeta que trabajó en San Antonio, fue secretario de un juez. Estoy rescatando esa historia y dejarla para la gente porque siento que me estoy cansando, siento que mi vida no da para más. De repente sufro dolores terribles que no me permiten moverme mucho. Estoy preocupado de terminar varios libros para dejar de recuerdo. Ojalá algunos lo lean pero al menos van a quedar escrito.

Usted siempre rescata historias de San Antonio. ¿Cómo espera ser recordado por el
sanantonino?

Como un hombre que se la jugó por levantar la cultura. Aquí la cultura está medio oculta todavía. Los escritores están dejados a la mano de Dios. Estoy trabajando con instituciones culturales locales pero no por afán de publicar mis libros, quiero que haya gente nueva que se interese en publicar.

¿Sobre qué tratará su próximo libro?
Justamente estoy en eso. Ya está casi listo. Es la historia del ferrocarril de Santiago a
Cartagena.

¿Algún consejo a los jóvenes interesados en escribir?
Que se acerquen a las instituciones culturales, hay posibilidades de que sean bien recibidos. Espero que con la ayuda de ustedes, revistas, diarios, radio y televisión, ayudemos a levantar el ánimo de esa gente, que pierdan el miedo y se acerquen. Que muestren sus trabajos.

Su libro “El Capataz del diablo” ¿va a tener continuación? ¿Qué importancia tienen para usted las leyendas de San Antonio?
Mucho. El libro se va a reeditar pero le voy a agregar material nuevo. Terminando el libro del ferrocarril trabajaré en el de las leyendas. Va a ser ilustrado por artistas de San Antonio. Trataré de imprimir unos mil ejemplares, ojalá para repartirlo. Las leyendas yo no las vendería porque son tradición y patrimonio del pueblo, no puede comerciarse con eso. Aquí hay leyendas muy buenas y bonitas. Todo es historia. Hay que recuperar el patrimonio de nuestros abuelos. Recuerdo que antaño, en días de lluvias se juntaban los abuelitos y contaban leyendas. Eso se nos grabó en la mente. Yo averiguo sobre leyendas para darles vida propia y que no sean frías.

¿Qué significa para usted la revista “El Pato Yeco”?
Estando sentado en la costanera de Iquique vi un ave sobre un poste, a contraluz la figura era muy bonita. Buscaba el nombre para una revista, había leído revistas literarias con nombre de pájaro y ahí dije ¡el Pato Yeco! Fue una revista que tuvo su prestigio. Escritores me han preguntado por ella, en su momento llegaron colaboraciones desde Arica y Punta Arenas.


Muchas personas han trabajado con usted y han solicitado su ayuda para sus tesis.

Sí. Varios han sacado sus títulos, muchos me agradecen. Esas cosas me alegran. Quiere decir que hay una semilla que está naciendo. Que lo que uno siembra se multiplique. Las historias y leyendas de San Antonio no merecen morir. También estoy trabajando en un libro catastro sobre escritores de San Antonio.

¿Algunos libros que nos recomiende?
“Las memorias de una princesa bruja”. Y de mi autoría “Lágrimas de cristal”.

¿Su gran amor es San Antonio?
Siempre lo ha sido y seguirá siendo. He estado en otras ciudades pero me quedo con esta ciudad. Uno siempre vuelve a su tierra. Aquí quedarán mis cenizas. San Antonio tiene algo que se nos mete en el corazón. Mi legado será una colección de diez libros de título “Memoria Histórica de San Antonio”.

Su colección de libros es tan grande como los de una biblioteca pública ¿Cuántos tiene?
Estoy haciendo un catastro. Tengo más de dos mil libros y colecciones de revistas muy
antiguas. Tengo casi todos los libros de escritores locales. No voy a vender. Cuando alguien esté muy interesado se los regalaré. La única condición será que no venda, que las deje a otras personas.

¿Qué mensaje dejaría a aquellos interesados en escribir y rescatar nuestro patrimonio?

Es difícil, hoy los lolos están pegados a su celular. Pero ojalá que al menos uno de cada cien se interese en escribir. Lo atenderé con el mayor de los gustos. Nosotros somos de una época en que no había televisión, recién aparecía la radio. La única entretención era leer. Ahora la televisión, computador y celular consumen el tiempo de los muchachos. Ya no están leyendo. Mis libros los regalaré a instituciones culturales y bibliotecas escolares de toda la provincia, desde Casablanca a Santo Domingo. Ese será mi legado. Aunque no veo que la juventud lea. Ya veremos quién gana la batalla.

* El profesor Santibáñez falleció en febrero de 2018.

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